3.25.2011

Domingo por la noche

Apareces los domingo en la noche,
o en plena madrugada cuando tienes frío y la cobija no te arropa lo suficiente.
Cuando no te abarca el pecho completo
y sientes que la vida no te funciona sin mi.
Tú apareces,
y yo he estado del otro lado de la cerca -perpetuamente -para verte correr
y estrellarte con una música de fondo,
para levantarte y decirte que
eres el sol -como tu nombre-
y que no habrá estrella menos intensa que tú para opacarte.
Tú apareces cuando los caminos se te disipan en los sueños,
o cuando los sueños son demasiado grandes para hacerlos realidad.

Apareces aquí entre mis brazos sin pedir permiso para voltearme la carreta
buscando, inocentemente en vano,
pasearnos
-otra vez-
por un campo lleno de recuerdos perfectos.

Solo apareces dibujando sonrisas sin sentido en esta cara imperfecta.
Sin motivos aparentes para demostrarnos lo que ya es obvio.

Que ya te has ido lejos
y yo estoy siempre en el mismo lugar.

3.23.2011

Vago color

De olmos y olvido
tus ojos,
y candela
los míos.
Cosiendo a cuestas el nexo constante de tu inspiración,
latente
que cuando puede
camina y rueda cayendo
entre lo incierto y lo superpuesto de sociedades absurdas.

Plateada esta guerra de la inconsciencia nocturna
que lucha sin armamentos,
sin recuerdos,
sin sonrisas.
Que lucha continuo
y ahora,
que lucha sin ti.

En el campo tenue de tu cuerpo tendido
justo para golpearme lentamente en el pecho
dejándome sin aire, sin memoria,
restándome importancia,
liberándome de mi.
Bajo la influencia de tu vaiven,
contando los pasos del respiro intoxicado.
Del que viene por este amor que se vistió de negro.

Aún cuando tus armas siguen intactas,
en esta tierra de cafés por la tarde.


3.13.2011

De soñar con girasoles

No tiene nada que ver una cosa con tu piel,
o el sol que me quema las fuerzas cada vez que te acercas sin tocarme,
sin besarme.
Cada vez que estás sin amarre que detenga la seguridad que nos inventamos
para no cortarnos a mordiscos
y rompernos la comisuras de los labios
por tanta historia verbal de la vehemencia física con la que perdimos cien veces
en el jardín del Edén,
mientras tu eras Eva y yo la serpiente.
O al revés,
o diferente
o inexacto. -Como nos gusta.-

Hoy no tienen nada que ver los girasoles de mi espalda
con las marcas de tu vida.
Ni las puertas giratorias que nos dieron paso,
con las piernas sentidas de tanta piedra por querer cemento.
Por querer camino sin tropiezos,
por soñar muy alto e imposible
cuando éramos -somos-
una semilla entre millones de peces.

Y si tú y yo somos del tamaño de eso,
pues llegamos a conocer marcianos
y a alumbrarnos las pupilas con el color fluorescente de otra galaxia.
Porque sí crecimos,
sí que lo hacemos,
porque todavía hay altura sin definición entre cada cuerpo.

No tiene nada que ver la inocencia de lo incierto,
con las ganas de besarnos apretadas en el pecho.
Ni la fuerza con que late el todo por la nada
cada vez que me rozan la nuca tus exhalaciones de nicotina zarca.
No tiene que ver la conexión sulfúrica con los pétalos de colores,
ni las armas para detenernos,
ni las invisibles ganas de hacerlo.