2.20.2011

Torres gemelas

Adminístrame las ganas
a tu antojo, a tu manera.
Si prefieres dejarlas guardadas, también estará bien.
Las usaremos cuando quieras, porque yo si estoy dispuesta
a esperarnos,
aunque no tenga la paciencia suficiente
ni la constancia que esperas.

Cuéntame los problemas
y véndeselos a una cualquiera que se te regale
-como todas-,
que te busque con los ojos verdes de fiera ardiente;

los mismos que ya no te llenan.
Una a la que yo cele,
como siempre,
como a todas.

Sujétame fuerte que me hace tambalear tu pasado,
y mi inseguridad a manera de fábrica,
incesable y atiborrada de gente.
Abrázame mientras escondo la mirada, encierro las palabras,
y me agarro las rodillas sentada en el suelo de tu baño.
Discúlpame por hacerte pasar todo esto.
Yo también estoy cansada.
Yo también estoy cansada.
Pero todavía me nacen fuerzas de pensar que mejoraremos
en algún punto del cuadrado en el que nos hemos convertido.
Que conseguiré el compás que dibuje más burbujas para divertirnos
que puntas para hacernos daño.

Resáltame los errores,
con un color fluorescente,
de los que me gustan
-tú lo sabes-,
y bríncate las comas mal puestas,
y la sintaxis destruida por arrancarnos la ropa
sin pensarlo más de una vez, o de ninguna vez,
o desde siempre.

Quizás sea más fácil que me montes en tus hombros y paseemos por la playa,
a caballo,
en los sueños tontos que tenemos cada vez que se hace noche y estoy cansada.
O vivir en otro lugar donde las molestias me aparezcan una vez al mes por 5 días.
Así, clandestinas.
Como al comienzo de todo esto que ahora nos derrumbó la marea alta
cuando la luna llena no está en el cielo.

Me gustaría, ¿sabes? treparme en tu pelo negro,
en tu piel blanca. En el lunar de la parte baja de tu espalda,
y comprarme un terreno en lo prohibido
y sin tener permisos, poder morir entre tus piernas.
Sobre tu torso, con mi cabello derramado y tus manos haciendo trenzas.
Allí, en el infinito.

Si quieres piérdete en mis lágrimas,
entre los lamentos;
en mis caderas y el vaivén de nuestros cuerpos cada vez que nos hacemos el amor.
Mejor súbete hasta mis drenajes, desentiérrame de lo más bajo,
y sácame con los dientes el placer de reprocharte cada actitud,
cada paso que queda en intento,
cada sonrisa que descuadra con la mía.
Cada segundo que pierdo, por perderte en el tiempo.
Y bórramelo.
Bórrame lo que no este bien,
bórrame si no estoy bien
que estoy dispuesta a que me hagas a tu medida,
a ver si así logro que te quedes para siempre.

2.17.2011

Me vale madre

Esta noche quiero escribirte sin barreras,
ni preámbulos,
ni malos recuerdos que detengan lo que siento.
Que nos enjaulan tantas veces a la hora de juzgar y tener razones,
que no son más que miedo envuelto en papel de seda,
con un lazo arriba para vernos más grandes.

Voy a hacerte el amor con las palabras
y besarte hasta el tuétano con cada punto que dibuje.
Esta noche voy a enredarte en mis comas
y serás víctima parcial de mi redacción perfecta.

Esta noche voy a empezar a contar.
Que el san valentín común sea en el cielo de la oscuridad,
y que pinte rayos de esperanza cada atardecer,
que nos de valor para seguir caminando
aunque todavía tengamos que asfaltarnos los pasos.
Que tú tengas la osadía de perdonarme
y yo la madurez de entenderte.
Que sea viceversa,
y que la balanza quede siempre en suelo de ambas partes,
desde esta noche y para siempre.

Te prometo no prometerte más promesas,
y olvidaré que olvidas los olvidos.
Y mis defectos, y mis errores.
Y los tuyos...

Quiero amarte como sé que puedo hacerlo,
sin pretextos de celos,
sin su palabrería incoherente y absurda.
Contigo entendiendo por qué me molesta,
conmigo sabiendo controlarlo.
Y repito,
y viceversa.

Y si te lleno no hace falta saberlo y si me llenas es nuestro problema
-no tuyo. Que te quede claro-
y si te miento te lo digo de frente,
y si me engañas ya lo sabía.
Y si te duele en el alma mi amor eterno, yo te curaré cada día.

Porque está noche fue la última noche,
de tapar nostalgias de lo que fuimos con ganas de intentos a medias,
esta noche fui el trato que cerro el suspiro,
y el para siempre de nuestros besos.

Te amo infinito.

2.10.2011

Pensamos diferente

Quisiera verlo tan difícil como tú lo haces;
o tan simple como sueles dibujármelo con pocas palabras.
Porque lo cierto es que no entiendo el noventa porciento de las actitudes,
de los silencios, de las manos mal puestas
y tus recuerdos insolentes,
que me mutilan como si fuese el cuarzo que te dejé sobre la cómoda.

No lo logro,
ni lo logras,
ni hacemos nada diferente a tenernos en las noches,
y besarnos por la tarde,
y escondernos la mitad del tiempo.

Se acaban las soluciones, las acciones, las promesas de cambios,
y el camino sigue siendo de piedra y no de asfalto.
Sigue deshidratándome el agua que me das,
porque todavía tengo sed y ya no sobra nada,
porque fui impaciente,
y te bebí sin pausa, sin respiro.
atorada,
como siempre.

Sigue quemándome el sol de tragarme la acidez.
Sigue cuarteándome la piel, las uñas, la ropa;
me está dañando el cabello,
me estás poniendo más débil.
Y caminas a mi lado y ni te noto,
ya no usas aire,
ya no te suena el corazón al mirarme,
y ni lo noto.
porque volteo la cara para no llevarme sorpresas.

Deberías darte cuenta -pronto, por favor-
de que me encierro cada vez más en aquella caja de cristal en la que quisiste meterme
para que no me hicieran más daño.
Pero hoy me cubro de ti.
Porque es que coño, no entiendo el noventa porciento de esto que nos pasa
todos los días.

Porque si te amo no debería de ser tan difícil.
Porque si me amas el hacer las cosas bien tendría que ser pan comido.
Porque si me voy de la casa, te vienes conmigo...

y es así de simple.
-en mi cabeza-

2.02.2011

Defense Mechanism

Estoy cansada.
no, cansada no.
Estoy harta de este circo que montamos
y que el payaso se quedó corto con las estupideces que hacemos.
Que no dan risa,
ni en lo más remoto de la carne.

Me siento triste y ni lo notas.
Ya ni me notas, ni me miras,
ni me tocas;
salvo cuando te busco el tacto y te beso la espalda.
O cuando estás regando la nostalgia de lo que un día fuimos,
y ya no somos, ni seremos;
ni por mucho que soñemos con esas ganas que ya no tengo,
de regalarte mil sonrisas para robarte una sola.
-Como tuviste que hacerlo tú para llegar al hoy-
O cuando te queman las yemas de mis dedos,
cual cigarro encendido, cual lápiz cuando escribo.

Es que ya no estoy cerca, ni lejos;
ni sentada.
No estoy parada tampoco, esperándote.
Se me doblaron las piernas hacia atrás mientras te veías en el espejo,
arreglándote el cabello, o la barba que ya casi te crece.
-y yo que pensé que eso era imposible-
Hasta se me cayeron los dientes de masticarme los elogios,
porque yo también los necesité en algún momento.
Pero tú estabas en el reflejo.
Demasiado trabajo, demasiado importante.
Yo podía esperar, porque eso merecía después de tus razones incoherentes,
como todo lo que hablas.

La razón ya no tiene sentimientos, ni el corazón fuerza para seguir latiendo.
Ni amigos con quién compartirlo,
porque los aparte a todos para darte espacio suficiente,
y ahora me sobran los centímetros a la redonda.
Ya la sombra es solo mi sombra besando el suelo de cemento para ver si se vuelve lirios,
-amarillos, por favor-
y no me duele tanto al caer. Porque seguramente, ya voy a caer.
Otra vez.
Sé que esto te aburre,
en proporciones descomunales.
Y mientras tú me exiges libertad a cambio de estadía;
yo ya no encuentro pulgares para tapar los errores, ni errores que olviden tu olvido.

Estoy cansada.
cansada no, harta.
De sentir que valgo birria entre los minutos de tu reloj inexistente;
de echarme la culpa por debajo de la mesa, sintiéndome insuficiente
una y otra vez.
Sintiéndome culpable de extremo a extremo. Aunque no lo sea.
Repitiéndole a lo que queda
que no se esconda,
que aún te amo.