11.08.2010

Contextualización

Viva, rozagante, llena.
Volviste sin preguntarme si quería que llegaras, y yo que te acepté por ser complaciente.
Te cedí el puesto en esta fila infinita de largos tropiezos y hondas caídas, en donde tú seguramente eres cabo y rabo de pocas soluciones.
Pasaste delante de mi, por no decir sobre mi, hasta el mejor de los asientos para deleitarte,
para burlarte, para apoyarte, para vencerme y dejarme tirada en el pavimento. Para que cuando me levantara, sola, te llenaras la boca diciendo que había sido por tu esfuerzo,
que nunca fue más que un suspiro de ganas enredadas en necesidades recíprocas y tempestad de celos carnívoros.
No fue más que esa sensación de vaguedad y vacío que te dejaban, esa, la que todavía tienes.

Y te pienso, porque lo sabes. Y te extraño cada vez que te vas a dar vueltas en otros cuerpos;
y te miento siempre que puedo, con estos ojos color candela, para que creas que todavía me tienes tal cual un ventrílocuo, con las manos dentro de mi. Y te sonrío desde lejos todas las mañanas, y te modelo las hebras de cabello, y te pinto el cuerpo con los suspiros, y te dejo sin habla.


Y te duele, porque nos duele. Pero mejor el dolor a la desilusión;
mejor esto
a tenerte, teniéndome siempre solo a mi misma.

11.06.2010

Fragoroso intento

Porque las palabras se incrustan en la piel como balas.
Y tú no entiendes, y yo no entiendo
y ni hacemos el intento.

Ya qué importa, si nada cambia;
si somos papales mojados, si somos materia fecal.
Si la inspiración se fue volando cuando me sentí feliz,
y no lo estaba.
Porque no lo estaba, porque esta porquería es un maquillaje
que me quitas y me pones, a tu antojo.
Si te provoca dejas también que se me corra el rímel,
y se me dañe la apariencia de fuerte que tengo.
Solo, porque te provoca.

Y la verdad es que estoy harta de ser culpable,
de quien eres y fuiste,
y de lo que serás y de todo lo que ni me concierne,
en este pedazo de tierra en donde no construyes ni la mitad de lo que prometes.

Harta, de contarte las virtudes tapando los errores con un solo dedo.
A ver si así duele menos,
a ver si te das cuenta de mis llamadas de atención.

Y harta, sigo aquí amarrándome a tus brazos;
enredándome en tus besos,
porque si algo sé, es que no quiero perderte.
Aunque a veces quiera correr sin ver lo que me gritas,
aún cuando no hablas.

Estoy aquí, tras las rejas de mis sentimientos,
haciendo maromas para no montarnos en una balanza y que salgas por los aires;
mientras yo me quedo aquí en el suelo...
porque obviamente todo esto mío, pesa mucho más.

Y lo siento por las ínfulas de perfección que me cubren la fragilidad,
soy solo una egoísta que te ama.
Pero egoísta al fin...